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La Saga de Áfríðr
#1
La Saga de Áfríðr

Por Diego García de Gotland Forn Sed

[Image: shieldmaidensjoinwar_1157544b.jpg]

PRIMERA PARTE

La granja del fiordo Hårland se adentraba en las zonas más abruptas, pero no por ello de menos riqueza, una gran llano abierto gozaba de unas de las tierras más fértiles de todo el territorio. Ésta la trabajaba el bóndi llamado Bjornulf Magnusson junto a toda su clan. Tenía una hija con 14 veranos que era muy revoltosa, de cabellos dorados como el sol y de rostro pecoso. La  llamaron Áfríðr Bjornulfdóttir. Ella era el tormento de la familia porque con sus actos díscolos siempre provocaba conflictos con el Jarl de Hårland. Abajo donde desembocaba el río se encontraba el Palacio del Jarl —Egil Jomundurson— que en tiempos de juventud había ido de vikingo pudiéndose enriquecer y ganar gran reputación ante los lugareños. El Jarl gozaba de gran respeto y sus palabras era muy sabias, y en la asamblea siempre tomaba la última decisión que era la más sentida por la comunidad y aquella con más juicio. La gente tenía una vida apacible ya que los hombres del Jarl mantenían protegida la zona de saqueadores.

En verano algunos de ellos habían montado un Félag —una empresa— con varios navíos tipo Knörr —es decir, barcos de carga— y un gran Langskipt —barco de guerra— para comerciar con la gente del Báltico. Parecía que Hårland era una comunidad bien avenida, sin embargo aquel día había algo que turbó la armonía de los lugareños.  
Áfríðr había solicitado audiencia al Jarl que aceptó a regañadientes, pero que fue aún peor cuando supo de las razones. Ella había rogado poder entrar en Félag e ir de vikingo este verano. El Jarl entró en cólera y le respondió que una señorita debía estar en la granja haciendo las tareas que le correspondía a una mujer. Él creía que el mar no era un sitio para mujeres y que de todos modos era demasiado insubordinada para confiarle un viaje tan peligroso como éste. Áfríðr no se apocó y respondió con ímpetu argumentando que era tan fuerte como cualquier hombre y que ella sabía usar bien la espada. Al final tuvo que desistir y regresó airada a su granja, pero esto no podía quedar así.

A la noche fue a reposar y le costó bastante conciliar el sueño. Pero fue en este momento cuando realmente se inició su aventura. Soñó que volaba por el fiordo con forma de un halcón, y le costaba maniobrar porque al parecer el viento era muy fuerte. Subió a la montaña más alta de Hårland llamada Hårfjall y en medio de la cima había un pequeño lago humeante, un túmulo y encima un extraño abedul de tamaño descomunal. Reposó en una de sus ramas y observó el lago.

Dentro una mujer hermosa, con un cuerpo perfecto y juvenil se estaba bañando en las aguas termales. Nunca había visto ninguna mujer tan bella en todo el fiordo y pensó que debía ser alguna mujer muy importante y especial.  Su curiosidad fue tal, que no pudo resistirse de descender volando y posarse en una roca cerca de ella.
Entonces la dama se percató de la visita y le sonrió. De súbito, Áfríðr adoptó su forma humana natural tras un gesto de aquella dama. Se preguntó si sería maestra en la brujería, y que por lo tanto, pudiese tener conocimientos mágicos. La señora salió de las aguas de espalda y en poco tiempo se vistió con unos elegantes atuendos.
La dama se presentó ante Áfríðr y dijo que era uno de los dioses Vanir, concretamente la diosa Freyja. La diosa elogió la valentía de Áfríðr y consideró que era una deshonra que menospreciaran su dones. Por ello consideró premiarla con un objeto de valor que le permitiese acometer su aventura. Freyja acompañó a Áfríðr descendiendo por un sendero que llevaba a unos peñascos.

En el fondo se encontraba un túmulo muy grande con una puerta tapada con una roca. Ella había estado allí en una ocasión de niña acompañando a su padre y recordó que él le advirtió que en la noche deambulaban difuntos que asesinaban a cualquier incauto que por allí se encontrase.

La diosa apartó la piedra y entró dentro de la tumba, en el fondo se encontraba un lecho de piedra con un guerrero bien armado. Entonces le dijo que cuando despertase, se dirigiese a este lugar, y que cogiese la espada y el anillo que llevaba en el dedo. Éstos dos eran prodigiosos, el anillo hacía invisible a quien lo usase y la espada no erraba nunca en batalla. Me advirtió que cuando acabase mi aventura, debía devolver los prodigios a su propietario.  Entonces Áfríðr juró que así lo haría.

Cuando se oyó el primer canto del gallo, Áfríðr se puso sus atuendos y comenzó a ascender a la montaña. Se dirigió por los senderos en dirección al túmulo y al abrirlo encontró todo igual como vio en el sueño. Aunque la tentación fue mayor, decidió respetar la voluntad de la diosa y solo tomó el anillo y la espada. Al regresar a la granja, cogió una gallina y se fue al Hof del pueblo —el templo— donde hizo un sacrificio en honor a Freyja.

CONTINUARÁ…
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#2
SEGUNDA PARTE

Cuando salió se encontró un gran bullicio en el poblado y pudo comprobar que los guerreros del Félag se acercaban al palacio del Jarl. Eso quería decir que hoy se reunirían con él y mañana partirían hacia el Báltico. Áfríðr consideró que era una buena ocasión para probar el anillo que había tomado del guerrero difunto. Entonces pudo entrar dentro de la sala sin ser vista. Lo cual le maravilló y pudo constatar que las palabras de la diosa no era exageradas.

Entonces entraron todos los miembros del Félag y se alinearon frente al Jarl que les saludó y les acogió como huéspedes antes de la partida. Las mujeres de la casa trajeron cerveza a cada uno de ellos e hicieron un brindis en honor de los espíritus protectores de la casa y en honor del señor y la señora de la casa. Esa noche se celebró un gran banquete donde se comió y bebió hasta la saciedad y hasta desplomarse de sueño o de simple borrachera.

Al día siguiente se dirigieron a los barcos. Delante hicieron un sacrificio en honor a Njörd para que mantuviese calma las aguas. Áfríðr se adentró dentro de uno de los navíos y se escondió dentro de la carga. Los navíos navegaron a través del fiordo hasta alcanzar el mar, entonces siguieron la costa hasta alcanzar un gran cabo pedregoso. Pudo escuchar a los marineros que era el punto para alcanzar la isla de Grønney de la cual se podía viajar hacia tierras bálticas.

En mar adentro el cielo se empezó a oscurecer y en la lejanía se oía al martillo de Thór como rugía. Los marineros estaban bastante alterados y atareados intentando amarrar bien todas las mercancías. Las lágrimas del cielo los alcanzaron pronto y el mar se agitaba con furor. Al parecer el cielo bramaba como si fuese el Ragnarøk y Thór estuviese aplacando las huestes del Jotunheim con furia y valor. Los remos eran incapaces de mantener estable el Knörr donde viajaba Áfríðr, y de forma impredecible una ola lo volteó. La muchacha se vio sumergido en el reino de la bruja Ran y perdió el conocimiento.

Notaba que algo le picaba en la cabeza. Abrió los ojos despacio y vio como un cuervo salía volando a reunirse con otros cuervos que la rodeaban. Estaba mojada en tierra, y a la parecer en una playa extraña. La tierra era de color negro, algo que había escuchado de algunos marineros en algunos de sus viajes. Se irguió y fue por algo de leña para encender un fuego, una tarea que fue engorroso al no disponer de pedernal y otros utensilios. Se desnudó arrimándose mucho al fuego y puso su ropa a secarse. Una vez solucionado este problema, decidió adentrarse en el territorio subiéndose el acantilado que circundaba la playa. Fue realmente difícil encontrar una vía que la permitiese llegar arriba, pero lo que fue aún más sorprendente fue hallar una zona boscosa con árboles descomunales. Para rodear el tronco de cada árbol al menos era necesario ocho personas. ¿Quién viviría en un bosque tan maravilloso? Se puso el anillo de nuevo y desenfundó su espada atenta de cualquier peligro acechante. Estaba en un sitio extraño y no sabía lo que podría llegar a encontrar. Dentro del bosque halló algo de lo más admirable y maravilloso, las hojas de las plantas eran tan grandes como una persona y las flores eran descomunales. Pensó que tantos prodigios solo podían formar parte de un reino de gente admirable. La luna y la primera estrella ya habían aparecido cuando empezó a escuchar unos retumbos en el suelo de los cuales iban aumentando a más. Pensó que algo debería estar acercándose y que algo maravilloso iba a ocurrir. Cautelosamente consideró que lo más apropiado era trepar por alguno de los árboles y resguardarse en la frondosa copa. Resguardó la llegada de los caminantes y entonces de súbito los escuchó hablar:

— ¿No has olido algo extraño? —Se oyó una voz ronca

— Sí, parece olor a humano —respondió otra voz chillona— ¿No tienes un poco de hambre?

— Algún náufrago que ha arribado a la isla. Hoy tenemos cena. Jojojojo

— Carne, carne, carne, carneeee… humaaanaaa jijijiji Por Ymir nuestro tatarabuelo, qué comilona nos vamos a echar.

Áfríðr se dio cuenta que solo se podría tratar de seres del Jotunheim y que probablemente fuesen unos estúpidos trolls. La oscuridad de la noche no le permitió ver sus rostros y por ello pensó que lo más prudente sería seguirlos con cuidado. Se había percatado que eran capaces de percibir su olor, por ello cuando marcharon bajó al suelo y buscó un pequeño lodazal y cubrirse de fango. Así disimularía el olor de su cuerpo. Luego fue fácil de descubrirlos, en el bosque se oía gritos de humanos aterrorizados. Afortunadamente era luna llena y pudo encontrar algunos senderos que la acercasen al bullicio. Entonces detrás de unos matorrales pudo ver a los dos trolls con un saco en la espalda y en la que se oía voces de seres humanos lamentándose.

— Jojojojo, —dijo la voz ronca— debemos llevar a estos humanos ante Angrheill. El sabrá como cocinarlos y preparar embutidos para el invierno.

— Rico, rico, rico —respondió la voz chillona— ricaaa carneeee humana, sabrosa y deliciosa. Yo quiero ese gordito que debe estar muy exquisito. Menuda comilona.

— Pero qué dices —el troll ronco le atizó al troll chillón— sabes perfectamente que Angrheill es el jefe y que siempre se queda con los gorditos. ¡Qué quieres hacerle enfadar, estúpido!

— Ay ay ay —se lamentó el troll chillón— yo pensé que por una vez podía ser generoso habiendo tanta cantidad de carne.

— Tu eres un estúpido, no intentes pensar que no es lo tuyo. Venga que volvemos a la madriguera y cállate.

Áfríðr empezó a seguirlos monte arriba y al final se pudo ver un resplandor. Había un claro con una hoguera y lo que parecía una entrada de una gruta descomunal. En las llamas había un troll aún más enorme y más horripilante, tuerto por lo que parecía un tajo de un hachazo, con un colmillo larguísimo que le sobresalía de la boca, las orejas peludas de murciélago y un pringoso moco que le rebosaba de un orificio de la nariz. El engendro profería eructos mientras bebía algo que parecía leche agria y fermentada de un barril. Los dos trolls se acercaron al fenómeno repugnante y éste arreó un guantazo al troll chillón que se empotró contra unos barriles.

—¡Qué estabas tramando Líttilrotta! —preguntó Angrheill— te he visto en la cara que en algo estabas.

— Lo siento amo, hemos cazado unos cuantos humanos ricos y había pensado que pudiese comerme el gordito.

—Mmh humanos —se quedó pensativo mientras se rascaba la testa con su pezuña— ¡Idiotaaaa!¡Cómo te atreves a pedirme el gordito!¡Te voy a chafar el cráneo si te atreves a tocarlo!

—Pero amo, por favor…—Entonces Angrheill le dio un punta pie en la barbilla, y luego se giró hacia el troll ronco— ¿Algo que objetar Óhroða?

—No, no, no amo… ¿Desea que le empale el gordito y lo ponga en las llamas?

—¡No idiota! —secándose el moco con la manga y tirándose un pedo— Vamos a preparar la parrilla y echar carbón. También necesitamos un poco de sal ahumada, no vamos a poder comérnoslos todos y hay que conservarlos. De momento cuélgalos a todos en las ramas de aquel árbol.


CONTINUARÁ
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#3
TERCERA PARTE

Áfríðr esperó un poco más a ver quiénes eran y cuando los colgaron se dio cuenta que eran sus compañeros del fiordo que estaban en su barco. Tenía que buscar un plan para liberar a sus amigos y así poder huir de esta maldita isla. Pensó que era buena idea adentrarse en la gruta a ver si encontraba alguna cosa que le fuese de utilidad, pero si creía haber visto cosas asombrosas, dentro vio algo más maravilloso. En el fondo de la gruta había un inmenso tesoro con miles de monedas de oro y de plata, con armas, cotas de malla, cascos, lanzas, escudos, etc. todos de oro y plata engarzados con piedras preciosas. Entonces tomó consciencia que era su oportunidad y que podía regresar al fiordo como una mujer rica y con mucha reputación. Ahora podía ser una vikinga como ella había soñado. Pero claro, debía descubrir la manera de derrotar a los trolls y liberar a sus compañeros. Y tenía que hacerlo de tal modo que nadie sufriese ningún daño y que pudiesen entre todos llevarse el tesoro. Entonces se le ocurrió una idea deslumbrante, había recordado alguna leyenda en que algunos habían conseguido entretener a unos trolls hasta la llegada del alba y estos se convertían en piedra tras los primeros rayos de sol. Era la idea más razonable, pero ¿cómo tener distraído a unos trolls durante toda la noche? Entonces recordó que llevaba un anillo maravilloso que la hacía invisible. Solo tenía que hacerse pasar por un espíritu o algo que los tuviese en vilo. Podía provocarles y amenazarlos de morir si no resolvían algunos acertijos. Intentaría, pues, de tenerlos distraídos toda la noche resolviendo acertijos hasta que llegase los primeras luces de la mañana. Lo primero que debía hacer, era provocar una entrada triunfal que los dejase aturdidos y descolocados. Tomó la espada y salió de la gruta. Se acercó al troll chillón y le ensartó en el trasero, entonces se puso a chillar y lamentarse. Sigilosamente se acercó al troll ronco y repitió la misma operación, el cual también gimió de dolor. Entonces se puso detrás del troll bizco y le apuntó con la espada, esperó el momento adecuado para causar más confusión.

— ¡Qué os pasa patanes!¡Por qué estáis berreando como idiotas! —vociferó el troll bizco.

— Amo, amo, amo…—contestó el troll chillón— hay algo que me ha pinchado en el culo y duele, duele, duele mucho.

¬— Señor —contestó el troll ronco— lamento decirle que me han pinchado también.

—Idiota —Angrheill arreó otro bofetón al troll chillón— deja de lamentarte como una niñata. Y tu Óhroða deja de quejarte o te la vas a ganar como el idiota de Líttilrotta.

Entonces Áfríðr vio que era el momento, y por ello ensartó con fiereza y arrestos también a Angrheill el troll bizco que se desplomó al suelo lamentándose y maldiciendo al culpable. Los dos trolls se acercaron al jefe y le ayudaron a incorporarse, y cuando estaba de pie arreó dos guantazos a cada uno de ellos. Entonces se le empezó a hinchar el rostro que se iba cambiando de negro oscuro a rojo pimiento, mientras soplaba con furia y entonces exhaló un grito descomunal que retumbó por todos los rincones de la isla.

— Por mi maldita vida —gritaba Angrheill— que me parta un rayo si no me cargo al maldito ser que haya hecho esto.

—Jijiji —entonces respondió Áfríðr detrás de su espalda— sois un estúpido habitante del Jotunheim y vais a padecer una muerte macabra por haber ofendido a una diosa.

— ¡Una diosa! —chilló el troll bizco dando brincos y estirándose de los pelos— Una diosa, por las barbas de Ymir, te voy a arrancar cada uno de tus dedos a mordiscos.

— Para eso tendrás que atraparme — Áfríðr se dirigió sigilosamente a unos arbustos.

— ¡Vas a morir! — Angrheill empezó a arrear guantazos a doquier hasta quedar exhausto.

— Un estúpido troll no puede atrapar a una diosa del Vanaheim. Te vas a arrepentir por tu osadía y vas a sufrirlo —De súbito Áfríðr se acercó al troll cuando estaba agachado y de un tajo le rebanó la nariz dándole un aspecto aún más espantoso y simiesco.  

— ¡¡¡Aaaaaah!!!¡¡Maldición!!¡¡Maldita mala pécora!!¡¡Morirás por esto!! —mientras se tapaba el orificio de la nariz que surgía sangre a borbotones y los dos otros trolls se acercaban para sostener a su jefe.

—Bien, tienes dos opciones —respondió Áfríðr— o sigues perdiendo partes de tu cuerpo, o juegas a los acertijos conmigo. Si no fallas, te dejaré vivir.

—¡Acertijo!¡Te voy a arrancar la cabeza de un mordisco!

— Veo que no entiendes —Áfríðr se acercó y le rebanó un dedo del pie.

— ¡Aaaaaah! —chillaba enloquecido Angrheill— está bien, está bien… responderé tus acertijos, pero no me cortes más partes ¡Por favor!

—Has visto que el jefe pide compasión —le dijo el troll chillón al troll ronco, y por eso Angrheill le volvió a arrear otro guantazo— ay ay ay, perdón jefe... fue sin mala intención.

— Allí va el primero —Áfríðr le dijo el acertijo— son lágrimas de una dama que hace rugir a los riachuelos y hace murmurar a las hojas otoñales.

— ¡Eh! ¿Lágrimas que hacen rugir y murmurar? Eso solo puede ser una cosa. La lluvia.

— Exacto, ahora te toca a ti.

— Es el aliento de un gigante con cabeza de águila que se esconde en los rincones del mundo.

— Ese es muy fácil, el viento. Ahora el mío, hace flotar las estrellas y el sol, cubre a los pájaros y alimenta a los ríos y al mar con su elixir.

— Mmh, no se me ocurre, no se me ocurre, no se me ocurre… ¿El cielo?

— Muy bien, ahora te toca a ti.

— A ver cuál digo ahora, a ver… a ver, hace bailar a las casa y a las montañas. Ronronea como un gatito para luego gruñir como un perro. Tiene tanta hambre que se lo come todo.

— Mmh... creo que lo sé ¡Un terremoto! Venga a ver éste, si gime hace dormir al oso y al lobo, el viento lo hace viajar a grandes distancias, soy uno de los licores de las fiestas y honro a los virtuosos.

— Por las barbas de Ymir, qué difícil. Piensa, piensa, piensa, piensa… ¿la música? Perfecto, a ver, palpa los cielos y escaba la tierra al mismo tiempo, tiene bello en los dedos y su piel es antigua como los viejos Jotunn. Hacen feliz a los niños y son compañía de los pastores.

— Me gusta este acertijo, son los árboles. Ahora me toca a mi, es un escudo de oro que lleva un caballo sobre un puente de cristal. Durante el día es virtuoso y lucha con furor; en la noche lo persiguen los lobos.

— Éste es fácil, es el sol. Es sangre de gigante que mancha ciudades ocultas en la profundidad. Sus habitantes son mudos y no tienen pies. Sus árboles y plantas son trémulas y muy blandas.

— Si es sangre de gigante solo puede ser el mar y sus habitantes mudos son los peces, y sus plantas blandas las algas. Venga, es una lengua larguísima que habla muchos idiomas. Los comerciantes la patean cada día. En ocasiones se divide en una dos, tres y miles de partes. De ella dependes de llegar a tu destino.

— Pff, qué difícil. Piensa, piensa, piensa, piensa… podría ser hablar, pero no lo patea nadie, así que solo puede ser los caminos.

— Muy bien, sigue adelante…

— Roe los huesos de cualquiera y cualquier animal. Desquebraja y estropea el pellejo. Emborracha y vuelve memo a todos, y nadie puede escapar de su maldad si vives lo suficiente. Pierde las joyas de la sonrisa y atrapa en la silla.

— Está muy claro, es la vejez o la senilidad…
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#4
CUARTA PARTE

Estuvieron horas y horas lanzándose uno al otro acertijos hasta que en el cielo se empezaba a divisar la estrella vespertina. Áfríðr se percató de ello, y entonces empezó a decir acertijos mucho más ofensivos y para provocar su enfado. En poco tiempo estaban tan airados que no se estaban dando cuenta que se iniciaba el alba. Entonces en una de esas un rayo de luz se proyectó en el campamento de los trolls y cuando menos esperaban se convirtieron en piedra.

Áfríðr se acercó a sus compañeros y cortó las cuerdas que los tenían atrapados al árbol. Entonces aprovechó y se quitó el anillo. Todos vieron que era la pequeña Áfríðr quien los había salvado, y fue algo que realmente los maravilló. La sorpresa fue tal que no esperaban para nada que ella hubiese sido una polizón; y que gracias a ello habían logrado salvar la vida. Todos celebraron la valentía y la heroicidad de la pequeña Áfríðr, y entonces todos coincidieron que era una auténtica vikinga. Ella los acompañó a la gruta donde pudieron ver el tesoro. Enseguida se pusieron manos a la obra para construir un nuevo Knörr que los llevara de regreso al fiordo de Hårland. Este año se había logrado con facilidad el negocio y no importaba haber perdido las mercancías en el naufragio. Con el tesoro obtenido iban a poder vivir sin necesidad de viajar de vikingo de ahora en adelante. Tardaron unos meses en poder construir un nuevo navío, pero trabajaron con mucho esfuerzo para tenerlo listo antes de la llegada del otoño. Era importante marchar antes porque si no tendrían que quedarse todo el invierno en la isla. Afortunadamente lograron tenerlo listo con suficientemente tiempo para regresar al fiordo.

Cuando llegaron la gente los recibió con los brazos abiertos. Los otros barcos habían logrado sobrevivir a la tormenta y habían regresado antes que ellos. Por ello habían informado que se habían perdido. La noticia de su supervivencia fue una gran noticia para toda la gente de Hårland. La alegría y la sorpresa fue mayor cuando supieron todo lo que aconteció y el valor de la pequeña Áfríðr. El Jarl recibió a todo el séquito del Félag y cuando supo de todas las hazañas de la pequeña vikinga, le entregó el anillo de juramentos de los vikingos de Hårland. Le pidió disculpas de haber dudado de su valor. La tomo de huésped esa noche en el banquete y le rogó que permaneciese unos días antes de regresar a su granja.

Ya hacía meses que se había hecho construir una granja cerca de la de sus padres. Se había casado con el hijo del Jarl y ya estaba cerca la Luna de Invierno. Una noche mientras salió un momento afuera de la casa vio una luz de un difunto que se le acercaba. Le dio tal escalofríos que se ocultó dentro de la casa y se dijo que algo malo iba a ocurrir. A la noche siguiente cuando paseaba por un pasillo, el espíritu la quiso tocar y ella huyó rápidamente. El espíritu desapareció. La tercera noche era luna llena, y el espíritu se le apareció en la despensa. Ella desenfundó la espada y entonces escuchó la voz del difunto:

— Recuerda tu promesa. Debes devolverme lo que es mío. Si no lo haces, te será arrebatado todo aquello que has conseguido.

— Tienes razón. Hice un juramento a Freyja, sería injusto y deshonroso no cumplir con mi parte del trato. Mañana al canto del gallo partiré a la montaña y te devolveré lo que es tuyo. Tengo que agradecértelo todo.

— Mañana la puerta de piedra estará abierta para ti y cuando hayas devuelto mis cosas, la sellaré para siempre. Entonces los espíritus del valle te protegerán a ti y los tuyos para siempre mientras respetes los túmulos y hagan sacrificios a los dioses.
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